EMISARIAS DEL PRÓJIMO
Santiago andaba como loco con las pruebitas esas. No ganaba un peso, pero él se divertía un montón viendo cómo las muchachas inventaban cuanto cuento se les ocurría, y hacían musarañas para pedirle las pruebitas.
La asistente de la oficina de al lado, Sandra, irrumpió muy mañana ese lunes y pronto llegó al tama de "las pruebitas": - Mirá, eso es para una prima que está muy preocupada. Ella no quiere dar visaje porque tiene un novio muy serio y ya casi se casa. ¿me entendés? Entonces, ¿qué decís?
Como acostumbrada, él le respondió en tono que intentaba ser solemne, dándose un aire científico y fingiendo una preocupación inexistente, y le dijo que le trajera "aquello", en el pequeño frasquito que le entregó, con aire de misterio. Insistió en que le explicara a la chica que la muestra fuera fresca, ojalá de primera hora de la mañana, y que ojalá la conservara en la nevera hasta la entrega.
– Huy, no, ¿Esa cosa es así de complicada?
- Entonces no, pues, ¿no estás tan interesada? Es que sos madrina de matrimonio o del bebé?
- No digás eso ni en chanza, verraco, amarra esa lengua! Mañana te la traigo.
- Pero decile a la pelada cómo es la cosa, Sandrita, no se te olvide.
Y así… Santiago mantenía uno o dos encuentros como éste cada semana. Las chicas, jamás ningún hombre, siempre llegaban juiciositas uno o dos días después –nunca más tarde de eso- con sus frasquitos discretamente envueltos en alguna bolsa blanca de almacén, y se los entregaban de manera misteriosa, casi furtiva.
Por lo general lo llamaban fuera de la oficina, y le entregaban las chuspitas en el pasillo, frente al baño o en la salita del tinto. Un besito, roce de manos frías y ver la caras de susto, eran suficiente pago, como cuota inicial. Pero lo verdaderamente divertido venía cuando él les daba el "veredicto". Hay que ver lo que las mujeres se preocupan por las otras.
Las emisarias del prójimo llegaban a su oficina, le hablaban de cualquier cosa y de repente, más vale poco sutilmente, llevaban la conversa al punto clave: - Ve Santi, hablando de otra cosa, ¿entonces qué? ¿Ya me tenés eso?
A Santiago le divertían mucho esos rituales tan parecidos, casi calcados unos de otros, y a veces se hacía de rogar. – Vos cómo jodés, ¿no?, ¿es que crees que eso es tan fácil? Mirá mami, eso hay que hacerlo con tiempo y la verdad, he estado bien ocupado, hasta las cachas.
- Ah, perdoná, pero dale, sacale el tiempito… mirá que mi amiga está afanada con eso.
No pudo evitar ripostar, con tono burlón: - Al fin qué, Sandrita, ¿esto es para una amiga o para una prima…? Decidí pues cómo es la cosa.
- Eh, pues, deja la escama, vos preguntáis más que la reina Pepita. ¿Y qué importa para quién es? ¡No te puedo pedir un verraco favor!
Santiago se moría de risa con esos escarceos que bien delataban la maternidad de las chichitas. Y se divertía más aún, asustándolas con el veredicto:
- Mmmm, mirá una cosa, Sandrita. Decile a tu amiga que pilas.
- ¿Huy, sí? ¿Cómo te dio la pruebita, ve?
- Pues mirá, la muestrica estaba turbia y no la guardaste en la nevera. Para mí que esa pelada esta grave…
Santiago casi que no podía contener la risa ante la mueca con el arqueo de cejas y los ojos dilatados de su amiga. – ¡No puede ser! ¿Vos crees?
- Sí mami, yo creo… y ya va para un mes, de pronto más.
- ¡Noooo joda, no puede ser, qué vaina! ¿Tú estás totalmente seguro?
– Que sí mija, esto no tiene pierde, esto no es con sapitos, esto es con ciencia. Pero, ¿vos por qué sufrís tanto por eso?
- Ya, pues, no preguntés tanto. A esta vieja lo que es la bota ese novio, si se llega a dar cuenta de esto.
- Ah, qué va, decile que no es el fin del mundo… hombres hay muchos, y que se quieran casar con mamitas solteras, peor. Decile que le ponga "Feria de Cali" y que hable conmigo.
La cara de preocupación de casi todas a veces lograba moverle la fibra. Al poco rato buscaba a la víctima, siempre en persona, y aflojaba el veredicto. Esta vez no fue distinto. Buscó la oficina de Sandra, esperó que colgara el teléfono y sin más le dijo: - Sabes qué ¿Sandrita? Decile a la hembrita que fresca, que está sana…
- Huy Santiago, ¡vos sí sos… de lo peor! El colmo tuyo que hagas chanza con eso.
- Ya mami, ya, perdoname. La prueba no dio positivo, pero decile a tu amiga que no cante victoria todavía, vos sabes que hasta al presidente le pasan vainas.